17 abril
Eco mediático
Durante la década del 90, signada por la orgía neoliberal al estilo menemista, surgió casi como única contención a tanto libertinaje, el periodismo. Contención ante el desguase y remate del estado, ante la corrupción e impunidad y ante el reinado del tilingaje de toda calaña.
Devorábamos los programas de investigación periodística que hurgueteaban en los laberintos de despachos y oficinas gubernamentales. El reaseguro de que nuestra denuncia sería respondida era exhibirla en el primer medio a disposición. Aun hoy, algunos medios de comunicación, son esgrimidos como un arma por algunos: “¡Te voy a denunciar en el programa de fulano…!!!”. Lo elevamos, al periodismo, a una categoría casi heroica de perro guardián y justiciero de la democracia. Fue así que muchos profesionales de la comunicación social, con el ego inflado, se sintieron a gusto con esa reputación e imagen de mármol inmaculado que la sociedad les concedió sintiéndose huérfana de los distintos poderes del estado. Como era de esperar, a muchos se les subió a la cabeza.
Pasaron los años y los gobiernos, y no somos pocos los que empezamos a advertir que los grandes multi-medios de comunicación y los que trabajan en ellos, en realidad son enormes empresas que solo responden a sus propios intereses y su principal producto o mercancía es la información que ha dejado de ser, para ellos, un bien social. El año pasado, y lo que va de este, hemos sido testigos presenciales de una grosera demostración de cómo los grandes pulpos monopólicos de la información reaccionan al ver amenazados sus intereses económicos y políticos sin importarles que en el proceso se llevan puesto un país.
Claro que todo esto no es novedad para algunos, en todo caso creo que lo novedoso es que, a medida que superamos las distintas coyunturas, nuestra saciedad en su conjunto, salvo ciertos sectores conservadores y sus autómatas repetidores de discurso, va experimentando una especie de paulatina maduración colectiva. En plena adolescencia social descubrimos que “papa Estado” tenía serios defectos y buscamos refugiarnos en ese hermano ilegítimo conocido como cuarto poder. Hoy deberemos seguir en nuestro camino a la adultez, tomando conciencia de que, si bien el Estado y los medios de comunicación son absolutamente necesario en un país que se dice democrático, tendremos que dejar de lanzarnos en brazos de alguien que haga y piense por nosotros; cambiando el paradigma de esta democracia que estamos construyendo, transformándola de representativa a participativa.
También es de destacar la falta de reflejos de amplios sectores de nuestro país (en todos los niveles) ante el cambio del contexto coyuntural que ha desatado un fenómeno que podríamos denominar, de forma futbolera, como un “off side masivo”. Podremos disentir en la lectura, pero deberíamos estar de acuerdo en que este momento y escenario, para bien o para mal, no es el de 8 o 10 años atrás. El devenir de la historia contemporánea de nuestro país ha dado, y está dando, un violento viraje y mas de uno siguió de largo en el camino de la interpretación de la actual realidad repitiendo discursos cuya fecha de vencimiento ya caducó.
Pero volviendo a la confianza siega que muchos todavía le profesan a los medios y sus interlocutores, se puede agregar que la sabiduría popular nos enseña que para muestra basta un botón: Hace un tiempo me encontré con un relato revelador, escrito por alguien que no puede ser acusado de ningún tipo de simpatía política dentro de la escena nacional. En su libro “Seis paseos por los bosques narrativos” de 1996, el semiólogo, docente universitario y escritor italiano Umberto Eco describe lo siguiente: “…El 31 de marzo, dos días antes de que los argentinos desembarcaran en las Malvinas y veinticinco días antes de la llegada de la “Tasck Force” británica, el diario Clarín publicaba una noticia, que parecía llegar de Londres, y según la cual los ingleses habían enviado a aguas argentinas al “Superb”, un submarino atómico.
La Foreign Office había reaccionado inmediatamente diciendo que no tenía ningún comentario que hacer sobre esta “versión”, y la prensa argentina había sacado conclusiones que, si las autoridades gubernativas británicas hablaban de “versión”, quería decir que se estaba ante una fuga de noticias militares harto reservadas. El 1 de abril, precisamente mientras los argentinos iban a desembarcar en las Malvinas, el Clarín anunciaba que el “Superb” tenía 45.000 toneladas y una dotación de noventa y siete hombres especializados en caza submarina…El 4 de abril el submarino (Según los medios de comunicación) ya había sido avistados en proximidades de la costa argentina…El 12 de abril el Clarín anunciaba incluso la llegada, en la misma zona, de un submarino soviético…
…Cuando por fin el cuerpo de expedición inglés estaba de verdad a ochenta kilómetros del teatro de la guerra, y con verdaderos buques de guerra y verdaderos submarinos, he aquí que el “Superb” desaparece: el 22 de abril el Clarín anuncia que habría regresado a Escocia. El 23 de abril el diario Daily Record revela que, en efecto, el Superb había estado fondeado siempre en su base escocesa. En este punto, los periódicos argentinos tienen que cambiar de género, y pasan de la película de guerra a la lucha de espías. El Clarín, el 23 de abril, anuncia triunfalmente que el farol británico por fin había sido desenmascarado…
…Esta historia, que es la historia verdadera de cómo se ha construido una historia inventada, tiene muchas moralejas… …Así pasó con nuestro submarino. Una vez puesto en el discurso, por el discurso de los medios de comunicación de masas, el submarino estaba allá, y como se supone que los medios periodísticos hacen afirmaciones verdaderas sobre el mundo real, cada uno hizo luego todo lo que pudo para avistarlo en algún lugar…”
Sin olvidar el triste papel de los grandes medios durante la última dictadura, digamos que el autor de “El nombre de la rosa” nos está diciendo que si damos por sentada la veracidad inmaculada de los medios de comunicación, nuestro subconsciente tiende a dar por verosímiles realidades que no son tales. Nuestro espíritu crítico descansa en manos de gente y corporaciones que defiende intereses que no solo distan mucho de ser los del ciudadano común, sino que a veces son totalmente opuestos. Es así como los grandes medios de comunicación han instalado un discurso único, inobjetable y disfrazado de “independiente”. Todos los días vemos, oímos o leemos como se inventan “submarinos” de la supuesta realidad. Está en nosotros agudizar los sentidos y estar con la neurona vigilante para, de una vez por todas, emprender el fascinante desafío de ser un país adulto, protagonizando y decidiendo nuestro propio destino. Un país soberano e independiente de falsos padres con terror al “síndrome del nido vacío”.
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